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Gloria Picazo



A menudo me pregunto si otros ámbitos de la cultura se cuestionan con tanta insistencia sobre su presente y sobre su posible futuro como lo hace el sector de las artes visuales. A lo largo de las dos últimas décadas, la institución "arte" se ha relacionado con el mercado artístico a partir de sentimientos de "amor y odio" que le han llevado a provocar situaciones un tanto engañosas, al olvidar que en la complejidad del mundo actual, no tan sólo puede ser sospechoso el "mercado artístico-económico", si no que también lo puede ser ese otro "mercado artístico-institucional", que mueve otros poderes y sostiene otras élites artísticas. Y a todo ello, deberíamos añadir esas siempre complejas relaciones con un posible público, al que deseamos y cuestionamos, por el mero hecho de creer que difícilmente comprenderá nuestras propuestas. Esta continuada sensación de malestar, ha provocado que constantemente se hable de "modificar modelos obsoletos de creación y de exhibición", de "crear nuevas estrategias artísticas", de "establecer puentes entre diversas disciplinas artísticas", de "promover estéticas relacionales", de "re-leer cualquier acto creativo en clave socio-política", de "defender perspectivas multiculturales", etc., etc., y todo ello con la sensación cada día más firme, de que la propia desubicación que está alcanzando la creación artística en el momento actual, no sabemos a ciencia cierta si es fruto de una firme voluntad de salir de su propio ensimismamiento y de las estructuras que a menudo la han encerrado entre élites y ghetos, o bien consecuencia de la necesidad de hallar nuevos estímulos creativos en otros ámbitos de la creación y del pensamiento que le permitan deshacerse del agotamiento y de la sensación de impasse en la que parecen sumidas las artes visuales.

La velocidad de acción y de difusión informativa que caracteriza nuestra sociedad hace que cualquier situación nueva sea asumida y consumida con una rapidez que hace envejecer rápidamente cualquier nueva aportación que se nos presente e inmediatamente nos preguntemos a que conduce todo ello, cuando cualquier innovación cae al poco tiempo en "nuevas maneras de hacer académicas". Y en ello las nuevas tecnologías, son a su vez un gran avance, pero también una sutil trampa para podernos sentir cómodamente instalados en lo que exige el "espíritu del tiempo". Así mismo, el grado de internacionalización que ha alcanzado el arte en todos sus ámbitos, como consecuencia del "nomadismo" que practica el artista en estos momentos, pero también a raíz de unos circuitos artísticos cada vez más numerosos y mejor difundidos, ha provocado una cierta uniformidad en las propuestas, al olvidar progresivamente parte de sus propias raíces y motivaciones.

Más allá de los medios empleados, que pueden ser de los más clásicos a la tecnología más sofisticada que se pueda imaginar, creo que todo lo apuntado anteriormente debería comportar un cierto repliegue sobre la propia identidad, tanto del arte como del artista, apelando a la memoria como decía Tom Sherman en esta misma Anthology of Art, revisando los propios contextos - cada vez más utilizados en vano y con cierta superficialidad, al ser la vía para aferrarse a esa realidad tan invocada últimamente -, persiguiendo y defendiendo lo heterogéneo: en definitiva, siendo respetuosos con el "otro" al margen de sistemas de poder establecidos, e insisto, no tan sólo económicos si no también institucionales, a pesar de que estos últimos sean más difíciles de desenmascarar, cuando tantas iniciativas institucionales se acercan a "movimientos alternativos" para tratar, quizás, de paliar su evidente distanciamiento de la sociedad. Por ello, quizás ese "arte desconocido" no surja de intenciones y propuestas planeadas, ni de lo que se genera en las cada vez más numerosas manifestaciones artísticas internacionales, si no desde la individualidad, desde las obsesiones personales, desde lo que conserve y cultive resquicios de autenticidad, como siempre ha sucedido con los grandes nombres que han salpicado la historia del arte a lo largo de todos los tiempos.

Gloria Picazo
Barcelona